JACULATORIA AL ETERNO PADRE

 

 ¡Oh Padre Eterno! yo os ofrezco la preciosísima Sangre de Jesucristo, en expiación de mis pecados, y por las necesidades de la Santa Iglesia.

 

**Pío VII, con Rescripto de 22 de marzo de 1817, concedió para siempre 100 días de indulgencia por cada vez que se rece dicha jaculatoria. (Indulgencia parcial)

CONSAGRACIÓN A LA PRECIOSÍSIMA SANGRE DE JESUCRISTO

(Por favor rezar diariamente y meditando).


Consiente y Misericordioso Salvador, en mi insignificancia y Tu sublimidad, yo me postro ante Tus pies y Te agradezco por todas las pruebas de tu gracia mostradas a mi, tu desagradecida criatura. Yo te agradezco especialmente por salvarme mediante Tu Preciosa Sangre, del poder destructor de satanás

. En presencia de mi querida Madre María, mi ángel de la guarda, mi santo patrono y de toda la compañía del paraíso, me dedico voluntariamente, con un corazón sincero. oh, queridísimo Jesús, a tu Preciosa Sangre por medio de la cual redimiste al mundo del pecado, la muerte y el infierno.

 

Yo te prometo que con la ayuda de tu gracia y con mi más grande fortaleza, promulgaré y creceré en la devoción a Tu Preciosa Sangre, el precio de nuestra redención de manera que Tu Adorable Sangre sea honrada y glorificada por todos.

 

De esta manera, yo deseo hacer reparación por mi deslealtad hacia Tu Preciosa Sangre de Amor, y recompensarte por las muchas profanaciones que los hombres cometen en contra del Precioso Precio de su salvación. Ojala que mis propios pecados, mi frialdad y todos los actos irrespetuosos que he cometido en contra de tu Santa y Preciosa Sangre puedan ser borrados.

 

Contempla oh, querido Jesús, te ofrezco el amor, honor y adoración, que tu Santísima Madre, tus fieles discípulos y que todos los santos han ofrecido a tu Preciosa Sangre. Te pido que olvides mi falta de fe y frialdad del pasado y que perdones a todos los que te ofenden. Rocíame, oh Divino Salvador, y a todos los hombres con tu Preciosa Sangre, de manera que nosotros, oh amor crucificado, te amemos de ahora en adelante con todos nuestros corazones, y que merecedoramente honremos el precio de nuestra salvación. Amén.

Santo Rosario de la Santísima Virgen

ORACIÓN PARA DECIRSE ANTES DEL ROSARIO (antes del credo)

 

 

Padre celestial, durante este tiempo de crisis mundial, permite que todas las almas encuentren su paz y seguridad en tu divina voluntad. Otorga a cada alma gracia para entender que tu voluntad es el amor santo en el momento presente.

 

 

Padre benévolo, ilumina cada conciencia para que vea, las formas en que no está viviendo en tu voluntad. Concede al mundo la gracia para cambiar y el tiempo para hacerlo. Amén.

 

 

 

1) HACER LA SEÑAL DE LA CRUZ

 

 

 

Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

 

 

 

Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, me pesa de todo corazón de haber pecado, porque he merecido el infierno y perdido el cielo, y sobre todo, porque te ofendí a Ti, que eres bondad infinita, a quien amo sobre todas las cosas. Propongo firmemente, con tu gracia, enmendarme y alejarme de las ocasiones de pecar, confesarme y cumplir la penitencia. Confío en que me perdonarás por tu infinita misericordia. Amén.

 

 

 

Abre, Señor, mis labios. Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

Dios mío, acude en mi auxilio. Señor, date prisa en socorrerme.

 

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén.

 

Por Tu Sangre y por Tu Cruz ¡Misericordia, Señór Jesús!

 

 

 

OH JESÚS MÍO, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, socorre especialmente a las más necesitadas de tu divina misericordia. Amén

 

 

 

“Dios mío, yo creo, adoro, espero y os amo. Os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan, no os aman” (Repetir 3 veces)

 

 

 

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo; yo os adoro profundamente y os ofrezco el preciosísimo cuerpo, sangre, alma y divinidad de nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los tabernáculos del mundo, en reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido; y por los méritos infinitos de su preciosísima Sangre y por la intercesión del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores”.

 

 

 

Oh Jesús, es por vuestro amor, por la conversión de los pecadores, y en reparación de las injurias cometidas contra el Inmaculado Corazón de María.

 

Virgen Santísima, sálvanos e inunda toda la humanidad con las gracias de tu llama de amor, de tu inmaculado corazón ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

 

 

 

Jesús, María, yo os amo profundamente. Salvad las almas, salvad a los consagrados y sanad a los enfermos.

 

 

 

Divino Niño Jesús, bendícenos y líbranos de todo mal. Amén.

 

 

 

2) REZAR UN PADRE NUESTRO.

 

 

 

3) REZAR TRES AVE MARÍA POR LA FE, LA ESPERANZA, LA CARIDAD.

 

 

 

4) REZAR UN GLORIA.

 

 

 

5) ENUNCIAR EL PRIMER MISTERIO Y REZAR UN PADRE NUESTRO.

 

 

Miércoles y Domingo

 

Martes y Viernes           

 

Jueves

 

Lunes y Sábado               

 

 

 

6) REZAR DIEZ AVE MARÍA MEDITANDO EL MISTERIO.

 

 

 

7) REZAR UN GLORIA Y LA ORACIÓN DE FÁTIMA.

 

Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu misericordia.

 

 

 

20) REZAR LA SALVE.

Oh Soberano Santuario, Sagrario del Verbo Eterno. Libra Virgen del infierno a los que rezamos tu Santo Rosario.

 

 

 

Emperatriz Poderosa, de los mortales consuelo. Ábrenos Virgen el cielo con una muerte dichosa y danos pureza de alma Tú que eres tan poderosa.

 

 

 

Dios te salve, María Santísima, Hija de Dios Padre, Virgen Purísima y Castísima antes del parto, en tus manos encomendamos nuestra fe para que la ilumines, porque llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita Tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios y Madre Nuestra, ruega por nosotros, los pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

 

 

 

Dios te salve, María Santísima, Madre de Dios Hijo, Virgen Purísima y Castísima en el parto, en tus manos encomendamos nuestra esperanza para que la alientes, porque llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita Tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios y Madre Nuestra, ruega por nosotros, los pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

 

 

 

Dios te salve, María Santísima, Esposa de Dios Espíritu Santo, Virgen Purísima y Castísima después del parto, en tus manos encomendamos nuestra caridad para que la inflames, nuestras necesidades para que las remedies, nuestras almas para que las salves, porque llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita Tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios y Madre Nuestra, ruega por nosotros, los pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

 

 

 

Dios te salve, María Santísima, Templo, Trono y Sagrario de la Santísima Trinidad, virgen concebida sin culpa de pecado original. Alcánzanos virgen pura la perseverancia final.

 

 

 

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!

 

 

 

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios. Para que seamos dignos de alcanzar las divinas gracias y promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

 

 

 

De tus divinos ojos, oh María penden nuestras felicidades ¡Míranos, Señora, y no nos desampares!

 

 

 

LETANÍAS LAURETANAS

 

Señor. ten piedad de nosotros

 

Cristo. ten piedad de nosotros

 

Señor. ten piedad de nosotros

 

Cristo óyenos

 

Cristo. escúchanos

 

Dios, Padre Celestial Ten piedad de nosotros

 

Dios Hijo. Redentor del Mundo    -R.

 

Dios, Espíritu Santo    -R.

 

Santa Trinidad un solo Dios    -R.

 

Santa María. Ruega por nosotros

 

Santa Madre de Dios -R.

 

Santa Virgen de las Vírgenes -R.

 

Madre de Cristo -R.

 

Madre de la Iglesia  -R.

 

Madre de la Divina Gracia  -R.

 

Madre Purísima. -R.

 

Madre Castísima. -R.

 

Madre y Virgen  -R.

 

Madre sin mancha. -R.

 

Madre Inmaculada  -R.

 

Madre amable  -R.

 

Madre admirable  -R.

 

Madre del buen consejo  -R.

 

Madre del Creador  -R.

 

Madre del Salvador  -R.

 

Virgen prudentísima  -R.

 

Virgen venerada  -R.

 

Virgen laudable  -R.

 

Virgen poderosa  -R.

 

Virgen clemente  -R.

 

Virgen fiel  -R.

 

Espejo de justicia  -R.

 

Sede de sabiduría   -R.

 

Causa de nuestra alegría  -R.

 

Vaso espiritual   -R.

 

Vaso honorable   -R.

 

Vaso insigne de devoción   -R.

 

Rosa Mística   -R.

 

Torre de David  -R.

 

Torre de Marfil   -R.

 

Casa de oro   -R.

 

Arca de la Alianza   -R.

 

Puerta del Cielo   -R.

 

Estrella de la mañana   -R.

 

Salud de los enfermos   -R.

 

Refugio de los pecadores   -R.

 

Consuelo de los Afligidos   -R.

 

Auxilio de los cristianos   -R.

 

Reina de los Ángeles   -R.

 

Reina de los Patriarcas   -R.

 

Reina de los Profetas   -R.

 

Reina de los Apóstoles   -R.

 

Reina de los Mártires   -R.

 

Reina de los Confesores   -R.

 

Reina de las Vírgenes   -R.

 

Reina de todos los santos   -R.

 

Reina concebida sin pecado original   -R.

 

Reina llevada al cielo,   -R.

 

Reina del Sacratísimo Rosario   -R.

 

Reina de la paz.   -R.

 

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, Perdónanos Señor

 

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, Escúchanos Señor

 

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, Ten piedad de nosotros

 

 

 

ORACIÓN A SAN JOSÉ

 

A Vos, bienaventurado San José, acudimos en nuestra tribulación, y después de implorar el auxilio de vuestra Santísima Esposa, solicitamos también confiadamente vuestro patrocinio. Por aquella caridad que con la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, os tuvo unido y por el paterno amor con que abrazasteis al Niño Jesús, humildemente os suplicamos que volváis benigno los ojos a la herencia que con su sangre adquirió Jesucristo, y con vuestro poder y auxilio socorráis nuestras necesidades. Proteged, oh providentísimo custodio de la divina familia, la escogida descendencia de Jesucristo; apartad de nosotros toda mancha de error y de corrupción; asistidnos propicio desde el Cielo, fortísimo libertador nuestro, en esta lucha con el poder de las tinieblas; y como en otro tiempo librasteis al Niño Jesús del inminente peligro de la vida, así ahora defended a la Iglesia Santa de Dios de las asechanzas de sus enemigos y de toda adversidad, y a cada uno de nosotros protegednos con perpetuo patrocinio, para que, a ejemplo vuestro y sostenidos por vuestro auxilio, podamos santamente vivir, piadosamente morir y alcanzar en los cielos la eterna bienaventuranza. Amén.

 

 

 

ORACIÓN A SAN MIGUEL

 

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla. Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú Príncipe de la milicia celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén.

 

 

 

ORACIÓN AL CORAZÓN INMACULADO DE MARÍA

 

Oh Corazón Inmaculado de María, lleno de bondad, muéstranos tu amor por nosotros. Que la llama de tu corazón, oh María, descienda sobre todos los hombres. Nosotros te amamos inmensamente. Imprime en nuestros corazones el amor verdadero, para que así tengamos un deseo continuo de ti. Oh María, dulce y humilde de corazón, acuérdate de nosotros cuando estemos en pecado. Tú sabes que todos los hombres pecan. Concédenos, por medio de tu Corazón Inmaculado, la salud espiritual. Haz que siempre podamos contemplar la bondad de tu corazón maternal y que nos convirtamos por medio de la llama de tu corazón. Amén.

 

 

 

SUB TUUM PRAESIDIUM

 

Bajo tu protección nos acogemos, Santa Madre de Dios; no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades; antes bien, líbranos siempre de todo peligro, ¡oh Virgen gloriosa y bendita!

 

 

 

21) HACER LA SEÑAL DE LA CRUZ

 

 

 

MISTERIOS GOZOSOS

 

Lunes y Sábados

 

 

 

El primer ciclo, el de los "misterios gozosos", se caracteriza efectivamente por el gozo que produce el acontecimiento de la encarnación. Esto es evidente desde la anunciación, cuando el saludo de Gabriel a la Virgen de Nazaret se une a la invitación a la alegría mesiánica: "Alégrate, María". A este anuncio apunta toda la historia de la salvación, es más, en cierto modo, la historia misma del mundo. En efecto, si el designio del Padre es de recapitular en Cristo todas las cosas (cf. Ef 1,10), el don divino con el que el Padre se acerca a María para hacerla Madre de su Hijo alcanza a todo el universo. A su vez, toda la humanidad está como implicada en el fiat con el que Ella responde prontamente a la voluntad de Dios.

 

El regocijo se percibe en la escena del encuentro con Isabel, dónde la voz misma de María y la presencia de Cristo en su seno hacen "saltar de alegría" a Juan (cf. Lc 1,44). Repleta de gozo es la escena de Belén, donde el nacimiento del divino Niño, el Salvador del mundo, es cantado por los ángeles y anunciado a los pastores como "una gran alegría" (Lc 2,10).

 

Pero ya los dos últimos misterios, aun conservando el sabor de la alegría, anticipan indicios del drama. En efecto, la presentación en el templo, a la vez que expresa la dicha de la consagración y extasía al viejo Simeón, contiene también la profecía de que el Niño será "señal de contradicción" para Israel y de que una espada traspasará el alma de la Madre (cf. Lc 2,34-35). Gozoso y dramático al mismo tiempo es también el episodio de Jesús de 12 años en el templo. Aparece con su sabiduría divina mientras escucha y pregunta, y ejerciendo sustancialmente el papel de quien "enseña". La revelación de su misterio de Hijo, dedicado enteramente a las cosas del Padre, anuncia aquella radicalidad evangélica que, ante las exigencias absolutas del Reino, cuestiona hasta los más profundos lazos de afecto humano. José y María mismos, sobresaltados y angustiados, "no comprendieron" sus palabras (Lc 2,50).

 

De este modo, meditar los misterios "gozosos" significa adentrarse en los motivos últimos de la alegría cristiana y en su sentido más profundo. Significa fijar la mirada sobre lo concreto del misterio de la Encarnación y sobre el sombrío preanuncio del misterio del dolor salvífico. María nos ayuda a aprender el secreto de la alegría cristiana, recordándonos que el cristianismo es ante todo evangelion , "buena noticia", que tiene su centro o, mejor dicho, su contenido mismo, en la persona de Cristo, el Verbo hecho carne, único Salvador del mundo.

 

 

 

Primer Misterio Gozoso. La Anunciación del Ángel a María.

 

(A los seis meses envió Dios al ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una joven virgen, prometida de un hombre descendiente de David, llamado José. La virgen se llamaba María. Entró donde ella estaba, y le dijo: "Alégrate, llena de gracia; el Señor está contigo". Ante estas palabras, María se turbó y se preguntaba qué significaría tal saludo. El ángel le dijo: "No tengas miedo, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás y darás a luz un hijo, al que pondrás por nombre Jesús. Será grande y se le llamará Hijo del altísimo; el Señor le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin". María dijo al ángel: "¿Cómo será esto, pues no tengo relaciones?" El ángel le contestó: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el niño que nazca será santo y se le llamará Hijo de Dios. Mira, tu parienta Isabel ha concebido también un hijo en su ancianidad, y la que se llamaba estéril está ya de seis meses, porque no hay nada imposible para Dios". María dijo: "Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra". Y el ángel la dejó.)

 

(Lc 1,26-38)

 

 

 

1. El Ángel Gabriel fue enviado por Dios a una Virgen (...) y el nombre de la Virgen era María. (Lc. 1,26- 27). Avemaría.

 

2. Alégrate, llena de gracia, el Señor es contigo. Bendita Tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. (Lc. 1, 28, 42). Avemaría.

 

3. Ella se turbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. (Lc. 1, 29). Avemaría.

 

4. El Ángel le dijo: no temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios. (Lc. 1, 30). Avemaría.

 

5. Concebirás y darás a luz un hijo, al que pondrás por nombre Jesús. (Lc. 1, 31). Avemaría.

 

6. El será grande y será llamado Hijo del Altísimo; y su Reino no tendrá fin. (Lc. 1; 32, 33). Avemaría.

 

7. María dijo al Ángel: ¿cómo será esto, pues no conozco varón?. (Lc. 1, 34). Avemaría.

 

8. El Espíritu Santo descenderá sobre Ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. (Lc. 1, 35). Avemaría.

 

9. Por eso el Hijo, en Ti engendrado, será Santo, será Hijo de Dios. (Lc. 1, 35). Avemaría.

 

10. He aquí la esclava del Señor; hágase en mi según tu palabra. (Lc. 1, 38). Avemaría.

 

 

 

Segundo Misterio Gozoso. La Visitación de María a Santa Isabel.

 

(Unos días después María se dirigió presurosa a la montaña, a una ciudad de Judá. Entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Cuando Isabel oyó el saludo de María, el niño saltó en su seno e Isabel quedó llena del Espíritu Santo. Y dijo alzando la voz: "¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Y cómo es que la madre de mi Señor viene a mí? Tan pronto como tu saludo sonó en mis oídos, el niño saltó de alegría en mi seno. ¡Dichosa tú que has creído que se cumplirán las cosas que te ha dicho el Señor!")

 

(Lc 1,39-45)

 

 

 

1. En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. (Lc. 1, 39-40). Avemaría.

 

2. Y en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el Niño en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo. (Lc. 1, 41). Avemaría.

 

3. Y en alta voz exclamó: ¡Bendita Tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!. (Lc. 1, 42). Avemaría.

 

4. Bienaventurada Tú que has creído, porque tendrán cumplimiento en Ti las promesas que se han hecho de parte del Señor. (Lc. 1, 45). Avemaría.

 

5. Entonces María dijo: mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se regocija en Dios, mi Salvador. Porque ha puesto sus ojos en la pequeñez de su esclava. (Lc. 1, 46-48). Avemaría.

 

6. Mirad: ya desde ahora me aclamarán bienaventurada todas las generaciones. Porque ha obrado en mi cosas estupendas Aquél que es poderoso. (Lc. 1, 48, 49). Avemaría.

 

7. Santo es su Nombre y su misericordia alcanza en generaciones a los que le temen. (Lc. 1, 49-50). Avemaría.

 

8. Después la fuerza de su brazo dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. (Lc. 1, 51). Avemaría.

 

9. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. (Lc. 1, 52). Avemaría.

 

10. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada. (Lc. 1, 53). Avemaría.

 

 

 

Tercer Misterio Gozoso. El Nacimiento de Jesús.

 

(Por aquellos días salió un decreto de César Augusto para que se empadronara todo el mundo. Éste es el primer censo que se hizo siendo Cirino gobernador de Siria. Todos iban a empadronarse, cada uno a su ciudad. También José, por ser descendiente de David, fue desde la ciudad de Nazaret de Galilea a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, para empadronarse con María, su mujer, que estaba encinta. Mientras estaban allí se cumplió el tiempo del parto, y dio a luz a su hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo reclinó en un pesebre, porque no encontraron sitio en la posada.)

 

(Lc 2,1-7)

 

 

 

1. Encontrándose allí, le llegó el tiempo de su alumbramiento. (Lc. 2,6). Avemaría.

 

2. Y dio a luz a su Hijo primogénito, y lo envolvió en pañales. (Lc. 2, 7). Avemaría.

 

3. Y lo acostó en un pesebre porque no había sitio para ellos en la posada. (Lc. 2, 7). Avemaría.

 

4. Había en la misma comarca algunos pastores, que dormían al raso y vigilaban por turno durante la noche su rebaño. Se les presentó el Ángel del Señor y la gloria del Señor los envolvió en su luz. (Lc. 2, 8-9). Avemaría.

 

5. No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo. (Lc. 2, 10). Avemaría.

 

6. Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es el Cristo Señor. (Lc. 2, 11). Avemaría.

 

7. Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres que El ama. (Lc. 2, 14). Avemaría.

 

8. Unos magos de Oriente se presentaron, entraron en la casa, y vieron al niño con María, su Madre. (Mt. 2; 1, 11). Avemaría.

 

9. Y postrándose, lo adoraron; abrieron sus tesoros y le ofrecieron dones: oro, incienso y mirra. (Mt. 2, 11). Avemaría.

 

10. María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón. (Lc. 2, 19). Avemaría.

 

 

 

Cuarto Misterio Gozoso. La Presentación en el Templo.

 

(Cuando se cumplieron los días de la purificación, según la ley de Moisés, lo llevaron a Jerusalén para ofrecerlo al Señor, como está escrito en la ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor, y para ofrecer el sacrificio según lo ordenado en la ley del Señor: un par de tórtolas o dos pichones.)

 

(Lc 2,22-24)

 

 

 

1. Cuando se cumplieron los días de la purificación, según la Ley de Moisés, lo subieron a Jerusalén para ofrecerlo al Señor. Lc. 2, 22). Avemaría.

 

2. Había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, justo piadoso, que esperaba la consolidación de Israel. (Lc. 2, 25). Avemaría.

 

3. El Espíritu Santo le había revelado que no moriría sin ver al Cristo del Señor (Lc. 2, 26). Avemaría.

 

4. Movido por el Espíritu vino al Templo; y, cuando los padres introdujeron al Niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre El, le tomó en brazos y bendijo a Dios. (Lc. 2, 27-28). Avemaría.

 

5. Ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo ir en paz, según tu palabra. (Lc. 2, 29). Avemaría.

 

6. Porque han contemplado mis ojos tu salvación, la que has puesto a la vista de todos los pueblos. (Lc. 2, 30-31). Avemaría.

 

7. Luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel. (Lc. 2, 32). Avemaría.

 

8. Y se dirigió a María, la Madre del Niño, para decirle: Este está predestinado por Dios para ruina o resurgimiento de muchos en Israel, y será signo de contradicción. (Lc. 2, 34). Avemaría.

 

9. Tu misma alma quedará atravesada por una espada, para que se ponga de manifiesto la actitud que ante El adopta cada uno. (Lc. 2, 35). Avemaría.

 

10. Después que hubieron cumplido todo lo prescrito en la Ley del Señor, regresaron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño crecía y se desarrollaba, llenándose de sabiduría; y sobre El se manifestaban las complacencias de Dios. (Lc. 2, 39-40). Avemaría.

 

 

 

Quinto Misterio Gozoso. El Niño Jesús hallado en el Templo.

 

(Sus padres iban todos los años a Jerusalén por la fiesta de la pascua. Cuando tuvo doce años, fueron a la fiesta, como era costumbre. Terminada la fiesta, emprendieron el regreso; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que sus padres se dieran cuenta. Creyendo que iba en la caravana, anduvieron una jornada, al cabo de la cual se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, volvieron a Jerusalén en busca suya. A los tres días lo encontraron en el templo sentado en medio de los doctores, oyéndolos y preguntándoles. Todos los que le oían estaban admirados de su inteligencia y de sus respuestas. Al verlo, se quedaron maravillados; y su madre le dijo: "Hijo, ¿por qué has hecho esto? Tu padre y yo te hemos estado buscando muy angustiados". Les contestó: "¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debo ocuparme en los asuntos de mi Padre?" Ellos no comprendieron lo que les decía.)

 

(Lc 2,41-50)

 

 

 

1. Cuando (Jesús) tuvo doce años, subieron ellos (a Jerusalén) como de costumbre a la fiesta. (Lc. 2, 42). Avemaría.

 

2. Y pasados los días, al regresar ellos, el Niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que sus padres se dieran cuenta. (Lc. 2: 43). Avemaría.

 

3. Y al no dar con Él, se volvieron a Jerusalén, sin dejar de buscarlo. Al cabo de tres días lo hallaron en el Templo. (Lc. 2, 45-46). Avemaría.

 

4. Sentado en medio de los doctores, escuchándoles y haciendo a la vez sus preguntas. (Lc. 2, 46). Avemaría.

 

5. Todos los que le escuchaban estaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba. (Lc. 2, 47). Avemaría.

 

6. Hijo mío, ¿por qué te has portado así con nosotros? Tu padre y yo te buscábamos llenos de angustia. (Lc. 2, 48). Avemaría.

 

7. ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debo ocuparme en los asuntos de mi Padre?. (Lc. 2, 49). Avemaría.

 

8. Pero ellos no comprendieron el alcance de sus palabras. (Lc. 2, 50). Avemaría.

 

9. Descendió Jesús con ellos, fue a Nazaret y les estaba sumiso. (Lc. 2,51). Avemaría.

 

10. Jesús crecía en sabiduría, en edad y en gracia delante de Dios y de los hombres. (Lc. 2, 52). Avemaría.

 

 

 

MISTERIOS LUMINOSOS

 

Jueves

 

 

 

Pasando de la infancia y de la vida de Nazaret a la vida pública de Jesús, la contemplación nos lleva a los misterios que se pueden llamar de manera especial "misterios de luz". En realidad, todo el misterio de Cristo es luz. Él es "la luz del mundo" (Jn 8,12). Pero esta dimensión se manifiesta sobre todo en los años de la vida pública, cuando anuncia el evangelio del Reino. Deseando indicar a la comunidad cristiana cinco momentos significativos –misterios "luminosos"– de esta fase de la vida de Cristo, pienso que se pueden señalar: 1. su Bautismo en el Jordán; 2. su autorrevelación en las bodas de Caná; 3. su anuncio del Reino de Dios invitando a la conversión; 4. su Transfiguración; 5. institución de la Eucaristía, expresión sacramental del misterio pascual.

 

Cada uno de estos misterios revela el Reino ya presente en la persona misma de Jesús. Misterio de luz es ante todo el Bautismo en el Jordán. En él, mientras Cristo, como inocente que se hace "pecado" por nosotros (cf. 2 Co 5,21), entra en el agua del río, el cielo se abre y la voz del Padre lo proclama Hijo predilecto (cf. Mt 3,17 par.), y el Espíritu desciende sobre Él para investirlo de la misión que le espera. Misterio de luz es el comienzo de los signos en Caná (cf. Jn 2,1-12), cuando Cristo, transformando el agua en vino, abre el corazón de los discípulos a la fe gracias a la intervención de María, la primera creyente. Misterio de luz es la predicación con la cual Jesús anuncia la llegada del Reino de Dios e invita a la conversión (cf. Mc 1,15), perdonando los pecados de quien se acerca a Él con humilde fe (cf. Mc 2,3-13; Lc 7,47-48), iniciando así el ministerio de misericordia que Él continuará ejerciendo hasta el fin del mundo, especialmente a través del sacramento de la Reconciliación confiado a la Iglesia. Misterio de luz por excelencia es la Transfiguración, que según la tradición tuvo lugar en el Monte Tabor. La gloria de la Divinidad resplandece en el rostro de Cristo, mientras el Padre lo acredita ante los apóstoles extasiados para que lo "escuchen" (cf. Lc 9,35 par.) y se dispongan a vivir con Él el momento doloroso de la Pasión, a fin de llegar con Él a la alegría de la Resurrección y a una vida transfigurada por el Espíritu Santo. Misterio de luz es, por fin, la institución de la Eucaristía, en la cual Cristo se hace alimento con su Cuerpo y su Sangre bajo las especies del pan y del vino, dando testimonio de su amor por la humanidad "hasta el extremo" (Jn 13,1) y por cuya salvación se ofrecerá en sacrificio.

 

Excepto en el de Caná, en estos misterios la presencia de María queda en el trasfondo. Los Evangelios apenas insinúan su eventual presencia en algún que otro momento de la predicación de Jesús (cf. Mc 3,31-35; Jn 2,12) y nada dicen sobre su presencia en el Cenáculo en el momento de la institución de la Eucaristía. Pero, de algún modo, el cometido que desempeña en Caná acompaña toda la misión de Cristo. La revelación, que en el Bautismo en el Jordán proviene directamente del Padre y ha resonado en el Bautista, aparece también en labios de María en Caná y se convierte en su gran invitación materna dirigida a la Iglesia de todos los tiempos: "Haced lo que él os diga" (Jn 2,5). Es una exhortación que introduce muy bien las palabras y signos de Cristo durante su vida pública, siendo como el telón de fondo mariano de todos los "misterios de luz".

 

 

 

Primer Misterio Luminoso. El Bautismo de Jesús.

 

(Entonces Jesús fue de Galilea al Jordán para que Juan lo bautizara. Pero Juan quería impedirlo, diciendo: "Soy yo el que necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?" Jesús le respondió: "¡Déjame ahora, pues conviene que se cumpla así toda justicia!" Entonces Juan accedió a ello. Una vez bautizado, Jesús salió del agua; y en esto los cielos se abrieron y vio al Espíritu de Dios descender en forma de paloma y posarse sobre él. Y se oyó una voz del cielo: "Éste es mi hijo amado, mi predilecto".)

 

(Mt 3,13-17)

 

 

 

1. Por aquellos días aparece Juan el Bautista, proclamando en el desierto de Judea: convertíos porque ha llegado el Reino de los Cielos. (Mt. 3, 1-2). Avemaría.

 

2. Este es aquél de quien habla el profeta Isaías cuando dice: "Voz del que clama en el desierto: preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas." (Mt. 3, 3). Avemaría.

 

3. Tenía Juan su vestido hecho de pelos de camello, con un cinturón de cuero a sus lomos, y su comida eran langostas y miel silvestre. (Mt. 3, 4). Avemaría.

 

4. Acudía entonces a él Jerusalén, toda Judea y toda la región del Jordán, y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados. (Mt. 3, 5-6). Avemaría.

 

5. Y proclamaba: detrás de mí viene el que es más fuerte que yo; y no soy digno de desatarle, inclinándome, la correa de sus sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo. (Mc. 1, 7-8). Avemaría.

 

6. Entonces aparece Jesús, que viene de Galilea al Jordán donde Juan, para ser bautizado por él. (Mt. 3, 13). Avemaría.

 

7. Pero Juan trataba de impedírselo diciendo: soy yo el que necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? (Mt. 3, 14). Avemaría.

 

8. Jesús le respondió: déjame ahora, pues conviene que así cumplamos toda justicia. Entonces le dejó. (Mt. 3, 15). Avemaría.

 

9. Bautizado Jesús, salió luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y venía sobre él. (Mt. 3, 16). Avemaría.

 

10. Y una voz que salía de los cielos decía: este es mi Hijo amado, en quien me complazco. (Mt. 3, 17). Avemaría.

 

 

 

Segundo Misterio Luminoso. Las Bodas de Caná.

 

(Tres días después hubo una boda en Caná de Galilea, en la que estaba la madre de Jesús. Invitaron también a la boda a Jesús y a sus discípulos. Se terminó el vino, y la madre de Jesús le dijo: "No tienen vino". Jesús le contestó: "¿A ti y a mí qué, mujer? Mi hora todavía no ha llegado". Su madre dijo a los sirvientes: "Haced lo que él os diga". Había allí seis tinajas de piedra de unos cien litros cada una para los ritos de purificación de los judíos. Jesús les dijo: "Llenad de agua las tinajas". Y las llenaron hasta arriba. Añadió: "Sacad ahora y llevádselo al maestresala". Y se lo llevaron. Tan pronto como el maestresala probó el agua convertida en vino (sin saber de dónde era, aunque sí lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua), llamó al novio y le dijo: "Todos sirven primero el vino mejor; y cuando se ha bebido en abundancia, el peor. Tú, en cambio, has guardado el vino mejor hasta ahora". Así, en Caná de Galilea, Jesús comenzó sus milagros, manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él.)

 

(Jn 2,1-11)

 

 

 

1. Tres días después se celebraba una boda en Cana de Galilea y estaba allí la madre de Jesús. (Jn. 2, 1). Avemaría.

 

2. Fue invitado también a la boda Jesús con sus discípulos. (Jn. 2, 2). Avemaría.

 

3. Y, como faltara vino, porque se había acabado el vino de la boda, le dice a Jesús su madre: no tienen vino. (Jn. 2, 3). Avemaría.

 

4. Jesús le responde: ¿qué tengo yo contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora. (Jn. 2, 4). Avemaría.

 

5. Dice su madre a los sirvientes: haced lo que él os diga.(Jn. 2, 5). Avemaría.

 

6. Había allí seis tinajas de piedra, puestas para las purificaciones de los judíos, de dos o tres medidas cada una. Les dice Jesús: llenad las tinajas de agua. Y las llenaron hasta arriba. (Jn. 2, 6-7). Avemaría.

 

7. Sacadlo ahora, les dice, y llevadlo al maestresala. Ellos lo llevaron. (Jn. 2, 8). Avemaría.

 

8. Cuando el maestresala probó el agua convertida en vino, como ignoraba de dónde era (los sirvientes, los que habían sacado el agua, sí que lo sabían), llama el maestresala al novio. (Jn. 2, 9). Avemaría.

 

9. Y le dice: todos sirven primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el inferior. Pero tú has guardado el vino bueno hasta ahora. (Jn. 2, 10). Avemaría.

 

10. Así, en Caná de Galilea, dio Jesús comienzo a sus señales. Y manifestó su gloria, y creyeron en él sus discípulos. (Jn. 2, 11). Avemaría.

 

 

 

Tercer Misterio Luminoso. El Anuncio del Reino de Dios.

 

(Después de ser Juan encarcelado, Jesús fue a Galilea a predicar el evangelio de Dios; y decía: "Se ha cumplido el tiempo y el reino de Dios está cerca. Arrepentíos y creed en el evangelio".)

 

(Mc 1,14-15)

 

 

 

1. Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios. (Mc. 1, 14). Avemaría.

 

2. El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva. (Mc. 1, 15). Avemaría.

 

3. En esto le trajeron un paralítico postrado en una camilla. (Mt. 9, 2). Avemaría.

 

4. Viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: ¡Animo!, hijo, tus pecados te son perdonados. (Mt. 9, 2). Avemaría.

 

5. Pero he aquí que algunos escribas dijeron para sí: este está blasfemando. (Mt. 9,3). Avemaría.

 

6. Jesús, conociendo sus pensamientos, dijo: ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: "Tus pecados te son perdonados", o decir: "Levántate y anda"? (Mt. 9,4-5). Avemaría.

 

7. Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados - dice entonces al paralítico: "levántate, toma tu camilla y vete a tu casa". (Mt. 9, 6). Avemaría.

 

8. Se levantó y, al instante, tomando la camilla, salió a la vista de todos, de modo que quedaban todos asombrados y glorificaban a Dios, diciendo: jamás vimos cosa parecida. (Mc. 2, 12). Avemaría.

 

9. Salió de nuevo por la orilla del mar, toda la gente acudía a él, y él les enseñaba. (Mc. 2, 13). Avemaría.

 

10. Y recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios. (Mc. 1, 39). Avemaría.

 

 

 

Cuarto Misterio Luminoso. La Transfiguración.

 

(Unos ocho días después Jesús tomó consigo a Pedro, a Juan y Santiago y los llevó al monte a orar. Mientras él oraba, cambió el aspecto de su rostro y sus vestidos se volvieron de una blancura resplandeciente. Dos hombres, de improviso, se pusieron a hablar con él. Eran Moisés y Elías, que aparecieron con un resplandor glorioso y hablaban con él de su muerte, que iba a tener lugar en Jerusalén. Pedro y sus compañeros estaban cargados de sueño, pero lograron mantenerse despiertos y vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que estaban con él. Cuando éstos se alejaban de Jesús, Pedro dijo: "Maestro, ¡qué bien se está aquí! Hagamos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías". No sabía lo que decía. Mientras él estaba diciendo esto, vino una nube y los cubrió. Al entrar en la nube, los discípulos se asustaron. Y una voz desde la nube dijo: "Éste es mi hijo, el elegido, escuchadlo".)

 

(Lc 9,28-35)

 

 

 

1. Seis días después, toma Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los lleva aparte, a un monte alto. (Mt. 17, 1). Avemaría.            

 

2. Y sucedió que, mientras oraba, el aspecto de su rostro se mudó, y sus vestidos eran de una blancura fulgurante (Lc. 9, 29). Avemaría.

 

3. Y he aquí que conversaban con él dos hombres, que eran Moisés y Elías; los cuales aparecían en gloria, y hablaban de su partida, que iba a cumplir en Jerusalén. (Lc. 9, 30-31). Avemaría.

 

4. Pedro y sus compañeros estaban cargados de sueño, pero permanecían despiertos, y vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. (Lc. 9, 32). Avemaría.

 

5. Y sucedió que, al separarse ellos de él, dijo Pedro a Jesús: Maestro, bueno es estarnos aquí. Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías, sin saber lo que decía. (Lc. 9,33). Avemaría.

 

6. Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra (Mt. 17, 5). Avemaría.

 

7. Y de la nube salía una voz que decía: este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle. (Mt. 17, 5). Avemaría.

 

8. Al oír esto los discípulos cayeron rostro en tierra llenos de miedo. (Mt. 17, 6). Avemaría.

 

9. Mas Jesús, acercándose a ellos, los tocó y dijo: levantaos, no tengáis miedo. Ellos alzaron sus ojos y ya no vieron a nadie más que a Jesús solo. (Mt. 17, 7-8). Avemaría.

 

10. Y cuando bajaban del monte, Jesús les ordenó: no contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos. (Mt. 17, 9). Avemaría.

 

 

 

Quinto Misterio Luminoso. La Institución de la Eucaristía.

 

(Durante la cena Jesús tomó pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio, diciendo: "Tomad, esto es mi cuerpo". Después tomó un cáliz, dio gracias, se lo pasó a ellos y bebieron de él todos. Y les dijo: "Ésta es mi sangre, la sangre de la alianza, que será derramada por todos".)

 

(Mc 14,22-24)

 

 

 

1. Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. (Jn. 13, 1). Avemaría.

 

2. Cuando llegó la hora, se puso a la mesa con los apóstoles. (Lc. 22, 14). Avemaría.

 

3. Y les dijo: con ansia he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer. (Lc. 22, 15). Avemaría.

 

4. Mientras estaban comiendo, tomó Jesús pan y lo bendijo, lo partió. (Mt. 26, 26). Avemaría.

 

5. Tomó luego pan, y, dadas las gracias, lo partió y se lo dio diciendo: este es mi cuerpo que es entregado por vosotros; haced esto en recuerdo mío. (Lc. 22, 19). Avemaría.

 

6. Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio diciendo: bebed de ella todos, (Mt. 26, 27). Avemaría.

 

7. Porque ésta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos para perdón de los pecados. (Mt. 26, 28). Avemaría.

 

8. Cuantas veces la bebiereis, hacedlo en recuerdo mío. (1 Cor. 11, 25). Avemaría.

 

9. Y cantados los himnos, salieron hacia el monte de los Olivos. (Mt. 26, 30). Avemaría.

 

10. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. (Jn. 6, 54). Avemaría.

 

 

 

MISTERIOS DOLOROSOS

 

Martes y VIernes

 

 

 

Los Evangelios dan gran relieve a los misterios del dolor de Cristo. La piedad cristiana, especialmente en la Cuaresma, con la práctica del Via Crucis, se ha detenido siempre sobre cada uno de los momentos de la Pasión, intuyendo que ellos son el culmen de la revelación del amor y la fuente de nuestra salvación. El Rosario escoge algunos momentos de la Pasión, invitando al orante a fijar en ellos la mirada de su corazón y a revivirlos. El itinerario meditativo se abre con Getsemaní, donde Cristo vive un momento particularmente angustioso frente a la voluntad del Padre, contra la cual la debilidad de la carne se sentiría inclinada a rebelarse. Allí, Cristo se pone en lugar de todas las tentaciones de la humanidad y frente a todos los pecados de los hombres, para decirle al Padre: "no se haga mi voluntad, sino la tuya" (Lc 22,42 par.). Este "sí" suyo cambia el "no" de los progenitores en el Edén. Y cuánto le costaría esta adhesión a la voluntad del Padre se muestra en los misterios siguientes, en los que, con la flagelación, la coronación de espinas, la subida al Calvario y la muerte en cruz, se ve sumido en la mayor ignominia: Ecce homo!

 

En este oprobio no sólo se revela el amor de Dios, sino el sentido mismo del hombre. Ecce homo: quien quiera conocer al hombre, ha de saber descubrir su sentido, su raíz y su cumplimiento en Cristo, Dios que se humilla por amor "hasta la muerte y muerte de cruz" (Flp 2,8). Los misterios de dolor llevan el creyente a revivir la muerte de Jesús poniéndose al pie de la cruz junto a María, para penetrar con ella en la inmensidad del amor de Dios al hombre y sentir toda su fuerza regeneradora.

 

 

 

Primer Misterio Doloroso. La Agonía de Jesús en el Huerto.

 

(Salió y fue, según su costumbre, al monte de los Olivos. Sus discípulos lo acompañaban. Cuando llegó al lugar, les dijo: "Orad para no caer en la tentación". Él se apartó de ellos como un tiro de piedra, se arrodilló y se puso a orar, diciendo: "Padre, si quieres, aleja de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya". Y se le apareció un ángel del cielo reconfortándolo. Entró en agonía, y oraba más intensamente; sudaba como gotas de sangre, que corrían por el suelo.)

 

(Lc 22,39-44)

 

 

 

1. Así llegó Jesús con ellos a una finca llamada Getsemaní y les dijo: sentaos aquí mientras yo voy allá a orar; y comenzó a entristecerse y angustiarse. (Mt. 26; 36, 37). Avemaría.

 

2. Y exclamó: siento en mi alma angustias de muerte. Aguardad aquí y velad conmigo. (Mt. 26, 38). Avemaría.

 

3. Adelantándose unos pasos y cayendo rostro en tierra, pedía a Dios que, a ser posible, hiciera que no sonase para El aquella hora. (Mc. 14, 35). Avemaría.

 

4. Padre, si quieres, aparta de Mí este cáliz. Pero no se haga mi voluntad sino la tuya. (Lc. 22, 42). Avemaría.

 

5. Se le apareció entonces un Ángel del Cielo infundiéndole valor. (Lc. 22, 43). Avemaría.

 

6. Y, poseído de angustia mortal, oraba con mayor intensidad. (Lc. 22, 44). Avemaría.

 

7. Y sudó como gruesas gotas de sangre, que iban corriendo hasta la tierra. (Lc. 22, 44). Avemaría.

 

8. Y volviendo a sus discípulos, los encontró durmiendo; dijo a Pedro: ¿con que no habéis sido capaces de estar una hora en vela conmigo?. (Mt. 26, 40). Avemaría.

 

9. Velad y orad para no caer en la tentación. (Mt. 26, 41). Avemaría.

 

10. Cierto que la voluntad está pronta, pero el cuerpo es débil. (Mt. 26, 41). Avemaría.

 

 

 

Segundo Misterio Doloroso. La Flagelación del Señor.

 

(Entonces Pilato mandó azotar a Jesús.)

 

(Jn 19,1)

 

 

 

1. Después de haber atado a Jesús, le llevaron y le entregaron a Pilato. Pilato le preguntó: ¿eres Tú el Rey de los Judíos?. (Mc. 15, 1-2). Avemaría.

 

2. Respondió Jesús: mi Reino no es de este mundo. Tú lo dices: Yo soy el Rey. (Jn. 18, 36). Avemaría.

 

3. Para esto he nacido Yo y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la Verdad. (Jn. 18, 37). Avemaría.

 

4. Pilato dijo a los Sumos Sacerdotes y a la gente: ningún delito encuentro en este hombre. Así que le castigaré y le soltaré. (Lc. 23; 4, 16). Avemaría.

 

5. Tomó entonces Pilato a Jesús y lo mandó azotar. (Jn. 19, 1). Avemaría.

 

6. Tras arresto y juicio fue arrebatado. Y de su causa, ¿quién se preocupa? Despreciable y desecho de hombres, varón de dolores y sabedor de dolencias. (Is. 53; 8, 3). Avemaría.

 

7. Fue oprimido, y Él se humilló y no abrió la boca. Como un cordero al degüello era llevado, y como oveja que ante los que la trasquilan está muda, tampoco El abrió la boca. (Is. 53, 4). Avemaría.

 

8. Él ha sido herido por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas. (Is. 53, 5). Avemaría.

 

9. ¡Y con todo eran nuestras dolencias las que El llevaba y nuestros dolores los que soportaba! (Is. 53, 4). Avemaría.

 

10. Él soportó el castigo que nos trae la paz y con sus llagas hemos sido curados. (Is. 53, 5). Avemaría.

 

 

 

Tercer Misterio Doloroso. La Coronación de espinas.

 

(Los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza, le vistieron un manto de púrpura; se acercaban a él y le decían: "¡Viva el rey de los judíos!" Y le daban bofetadas.)

 

(Jn 19,2-3)

 

 

 

1. Los soldados lo condujeron dentro del atrio, o sea, al pretorio, y le vistieron de púrpura. (Mc. 15, 16; Mt. 27, 28). Avemaría.

 

2. Y trenzando una corona de espinas, se la pusieron sobre su cabeza, y en su mano derecha una caña. (Mt. 27, 29). Avemaría.

 

3. Después doblaban la rodilla delante de El, y le hacían burla diciendo: ¡Salve, Rey de los judíos!. (Mt. 27, 29). Avemaría.

 

4. Y le escupían y le quitaban la caña para golpearle en la cabeza. (Mt 27, 30). Avemaría.

 

5. Salió Pilato otra vez fuera, y les dijo: mira, os lo voy a sacar fuera para que sepáis que no encuentro en El culpa alguna. (Jn. 19, 4). Avemaría.

 

6. Salió entonces Jesús fuera, llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. (Jn. 19, 5). Avemaría.

 

7. Les dice Pilato: aquí tenéis al Hombre. Ellos decían: ¡Fuera, fuera! ¡Crucifícale!. (Jn. 19; 5, 15). Avemaría.

 

8. Pues, ¿qué mal ha hecho? Y ellos cada vez más fuerte gritaban: ¡Crucifícalo! . (Mc. 15, 14). Avemaría.

 

9. ¿A vuestro Rey voy a crucificar? Replicaron los Sumos Sacerdotes: no tenemos más rey que el César. (Jn. 19, 15). Avemaría.

 

10. Entonces lo puso en sus manos para que lo crucificasen. Se apoderaron, pues, de Jesús. (Jn. 19, 16). Avemaría.

 

 

 

Cuarto Misterio Doloroso. Jesús con la Cruz a cuestas.

 

(Jesús quedó en manos de los judíos y, cargado con la cruz, salió hacia el lugar llamado "la calavera", en hebreo "Gólgota", donde lo crucificaron.)

 

(Jn 19,17-18)

 

 

 

1. Si alguno quiere venir en pos de Mí, niéguese a si mismo. (Lc. 9, 23). Avemaría.

 

2. Tome su cruz cada día, y sígame. (Lc. 9, 23). Avemaría.

 

3. Y Él llevando su cruz salió en dirección del lugar llamado Calvario, en arameo, "Gólgota". (Jn. 19, 17). Avemaría.

 

4. Y, según lo llevaban, echaron mano de un tal Simón de Cirene, y le cargaron con la cruz para que la llevase detrás de Jesús. (Lc. 23, 26). Avemaría.

 

5. Tomad sobre vosotros mi yugo y aprended de Mí. (Mt. 11, 29). Avemaría.

 

6. Que yo soy manso y humilde de corazón. (Mt. 11, 29). Avemaría.

 

7. Y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera. (Mt. 11; 29, 30). Avemaría.

 

8. Le seguía una gran muchedumbre de pueblo y de mujeres que se golpeaban el pecho y hacían duelo por El. (Lc. 23, 28). Avemaría.

 

9. Jesús, volviéndose a ellas dijo: hijas de Jerusalén, no lloréis por Mí; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos. (Lc. 23, 28). Avemaría.

 

10. Porque si en el leño verde hacen esto, en el seco, ¿qué se hará?. (Lc. 23, 31).Avemaría.

 

 

 

Quinto Misterio Doloroso. La Crucifixión y Muerte de Nuestro Señor.

 

(Después de esto, Jesús, sabiendo que todo se había consumado, para que se cumpliera la Escritura, dijo: "Tengo sed". Había allí un vaso lleno de vinagre; empaparon una esponja en el vinagre, la pusieron en una caña y se la acercaron a la boca. Cuando Jesús lo probó, dijo: "Todo está cumplido". E, inclinando la cabeza, expiró.)

 

(Jn 19,28-30)

 

 

 

1. Cuando llegaron al lugar llamado Calvario, crucificaron ahí a Jesús. (Lc. 23, 33). Avemaría.

 

2. Jesús decía: Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen. (Lc. 23, 34). Avemaría.

 

3. Uno de los ladrones crucificados con Él decía: Jesús acuérdate de mí cuando vayas a tu Reino. (Mt. 27, 44; Lc. 23; 39, 42). Avemaría.

 

4. Jesús le dijo: Yo te aseguro, hoy estarás conmigo en el Paraíso. (Lc. 23, 43). Avemaría.

 

5. Jesús, viendo a su Madre, y junto a Ella al discípulo que El amaba. (Jn. 19, 26). Avemaría.

 

6. Dijo a su Madre: mujer, he ahí a tu hijo. Luego dijo al discípulo: he ahí a tu Madre: (Jn. 19, 26-27). Avemaría.

 

7. Y desde aquel momento el discípulo la recibió consigo. (Jn. 19, 27). Avemaría.

 

8. El sol se oscureció y el velo del templo se rasgó por la mitad. (Lc. 23, 45). Avemaría.

 

9. Y Jesús, con una voz fuerte, exclamó: Padre, en tus manos encomiendo mi Espíritu. (Lc. 23, 46). Avemaría.

 

10. Inclinó la cabeza y entregó el Espíritu. (Jn. 19, 30). Avemaría.

 

 

 

MISTERIOS GLORIOSOS

 

Miércoles y Domingos

 

 

 

"La contemplación del rostro de Cristo no puede reducirse a su imagen de crucificado. ¡Él es el Resucitado!". El Rosario ha expresado siempre esta convicción de fe, invitando al creyente a superar la oscuridad de la Pasión para fijarse en la gloria de Cristo en su Resurrección y en su Ascensión. Contemplando al Resucitado, el cristiano descubre de nuevo las razones de la propia fe (cf. 1 Co 15,14), y revive la alegría no solamente de aquellos a los que Cristo se manifestó –los Apóstoles, la Magdalena, los discípulos de Emaús–, sino también el gozo de María, que experimentó de modo intenso la nueva vida del Hijo glorificado. A esta gloria, que con la Ascensión pone a Cristo a la derecha del Padre, sería elevada Ella misma con la Asunción, anticipando así, por especialísimo privilegio, el destino reservado a todos los justos con la resurrección de la carne. Al fin, coronada de gloria –como aparece en el último misterio glorioso–, María resplandece como Reina de los Ángeles y los Santos, anticipación y culmen de la condición escatológica de la Iglesia.

 

En el centro de este itinerario de gloria del Hijo y de la Madre, el Rosario considera, en el tercer misterio glorioso, Pentecostés, que muestra el rostro de la Iglesia como una familia reunida con María, avivada por la efusión impetuosa del Espíritu y dispuesta para la misión evangelizadora. La contemplación de éste, como de los otros misterios gloriosos, ha de llevar a los creyentes a tomar conciencia cada vez más viva de su nueva vida en Cristo, en el seno de la Iglesia; una vida cuyo gran 'icono' es la escena de Pentecostés. De este modo, los misterios gloriosos alimentan en los creyentes la esperanza en la meta escatológica, hacia la cual se encaminan como miembros del Pueblo de Dios peregrino en la historia. Esto les impulsará necesariamente a dar un testimonio valiente de aquel "gozoso anuncio" que da sentido a toda su vida.

 

 

 

Primer Misterio Glorioso. La Resurrección de Jesús.

 

(Pasado el sábado, al rayar el alba, el primer día de la semana, fueron María Magdalena y la otra María a ver el sepulcro. De pronto hubo un gran terremoto, pues un ángel del Señor bajó del cielo, se acercó, hizo rodar la losa del sepulcro y se sentó en ella. Su aspecto era como un rayo, y su vestido blanco como la nieve. Los guardias temblaron de miedo y se quedaron como muertos. Pero el ángel, dirigiéndose a las mujeres, les dijo: "No temáis; sé que buscáis a Jesús, el crucificado. No está aquí. Ha resucitado, como dijo. Venid, ved el sitio donde estaba. Id en seguida a decir a sus discípulos: Ha resucitado de entre los muertos y va delante de vosotros a Galilea. Allí le veréis. Ya os lo he dicho".)

 

(Mt 28,1-7)

 

 

 

1. Yo os aseguro que lloraréis y os lamentaréis, y el mundo se alegrará. Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo. (Jn. 16, 20). Avemaría.

 

2. También vosotros estáis tristes ahora, pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y nadie os podrá quitar vuestra alegría. (Jn. 16, 22). Avemaría.

 

3. El primer día de la semana, muy de mañana, llegaron al sepulcro llevando los aromas que habían preparado. (Lc. 24, 1). Avemaría.

 

4. De pronto hubo un gran terremoto, pues un Ángel del Señor bajó del cielo, se acercó, hizo rodar la piedra del sepulcro y se sentó en ella. (Mt. 28, 2). Avemaría.

 

5. No temáis, pues sé que buscáis a Jesús, el crucificado. (Mt. 28, 5). Avemaría.

 

6. No está aquí: resucitó como dijo. Venid y ved el sitio donde estaba. (Mt. 28, 6). Avemaría.

 

7. Y va delante de vosotros a Galilea. Allí le veréis. (Mt. 28, 7). Avemaría.

 

8. Ellas se alejaron a toda prisa del sepulcro, y con temor y gran alegría corrieron a llevar la noticia a los discípulos. (Mt. 28, 8). Avemaría.

 

9. Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en Mí, aunque muera, vivirá. (Jn. 11, 25). Avemaría.

 

10. Y todo el que vive y cree en Mí, no morirá jamás. (Jn. 11,26). Avemaría.

 

 

 

Segundo Misterio Glorioso. La Ascensión de Jesús al Cielo.

 

(Dicho esto, lo vieron subir, hasta que una nube lo ocultó a su vista. Ellos se quedaron mirando fijamente al cielo mientras él se iba, cuando se les aparecieron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: "Galileos, ¿qué hacéis ahí mirando al cielo? Este Jesús que acaba de subir al cielo volverá tal como lo habéis visto irse al cielo".)

 

(He 1,9-11)

 

 

 

1. Los llevó después afuera hasta cerca de Betania; y, levantando la mano, les dio su bendición. (Lc. 24, 50). Avemaría.

 

2. Me ha sido dado todo poder en el Cielo y en la tierra. (Mt. 28, 18). Avemaría.

 

3. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes. (Mt. 28, 18).Avemaría.

 

4. Bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. (Mt. 28, 19). Avemaría.

 

5. Y enseñadles a observar todo cuanto yo os he mandado. (Mt. 28, 20). Avemaría

 

6. El que crea y se bauticé, se salvará. (Mc. 16, 16). Avemaría.

 

7. Pero el que no crea, se condenará. (Mc. 16, 16). Avemaría.

 

8. Y mirad, Yo estaré siempre con vosotros hasta el fin del mundo. (Mt. 82, 20). Avemaría.

 

9. Y, en tanto que los bendecía, se apartó de ellos y fue elevándose al Cielo. (Lc. 24, 51). Avemaría.

 

10. Y allí está sentado a la diestra de Dios. (Mc. 16, 19). Avemaría.

 

 

 

Tercer Misterio Glorioso. La Venida del Espíritu Santo.

 

(Al llegar el día de pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. De repente un ruido del cielo, como de viento impetuoso, llenó toda la casa donde estaban. Se les aparecieron como lenguas de fuego, que se repartían y se posaban sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en lenguas extrañas, según el Espíritu Santo les movía a expresarse.)

 

(He 2,1-4)

 

 

 

1. Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos juntos en un mismo local. (Hch. 2, 1). Avemaría.

 

2. Y se oyó de repente un estruendo, que venía del cielo, como de una ráfaga de viento que sopla con furia. (Hch. 2, 2). Avemaría.

 

3. Y aparecieron unas como lenguas de fuego, que se repartieron y posaron sobre cada uno de ellos. (Hch. 2, 3). Avemaría.

 

4. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en lenguas extrañas, según el Espíritu Santo les movía a expresarse. (Hch. 2, 4). Avemaría.

 

5. Había en Jerusalén judíos que allí residían, hombres piadosos, venidos de todas las naciones que hay bajo el cielo. (Hch. 2, 5). Avemaría.

 

6. Entonces Pedro, en pie con los once, alzó su voz y les dirigió estas palabras. (Hch. 2, 14). Avemaría.

 

7. Arrepentíos y que cada uno de vosotros se bautice en el nombre de Jesucristo para remisión de vuestros pecados; y recibiréis entonces el don del Espíritu Santo. (Hch. 2, 38). Avemaría.

 

8. Y los que acogieron su palabra se bautizaron, y se agregaron aquel día unas tres mil almas. (Hch. 2,41). Avemaría.

 

9. Envías tu soplo y son creados, y renuevas la faz de la tierra. (Sal. 104, 30). Avemaría.

 

10. Ven, ¡oh Espíritu Santo!, llena los corazones de tus fieles; y enciende en ellos el fuego de tu Amor. Aleluya. (Secuencia de Pentecostés). Avemaría.

 

 

 

Cuarto Misterio Glorioso. La Asunción de María al Cielo.

 

(Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones, porque el todopoderoso ha hecho conmigo cosas grandes.)

 

(Lc 1,48-49)

 

 

 

1. Bendita seas Tú, hija del Dios Altísimo, entre todas las mujeres de la tierra. (Jdt. 13, 18). Avemaría.

 

2. La confianza que has demostrado no se borrará del corazón de los hombres. (Jdt. 13, 19). Avemaría.

 

3. Que Dios te conceda para exaltación perpetua el ser favorecida con todos los bienes, porque no vacilaste en exponer tu vida a causa de la humillación de nuestra raza. (Jdt. 13, 20). Avemaría.

 

4. Tú eres la exaltación de Jerusalén, Tú el gran orgullo de Israel, Tú la suprema gloria de nuestra raza. (Jdt. 15, 9). Avemaría.

 

5. Escucha, hija, mira y pon atento oído: el Rey está prendado de tu belleza. (Sal. 35; 11, 12). Avemaría.

 

6. Entonces se abrió el templo de Dios que está en el cielo, y hubo relámpagos, y estrépito, y truenos. (Ap. 11, 19). Avemaría.

 

7. Apareció una grandiosa señal en el cielo: una Mujer vestida del sol. (Ap. 12, 1). Avemaría.

 

8. Con la luna bajo sus pies, y con una corona de doce estrellas en la cabeza. (Ap. 12, 1). Avemaría.

 

9. Toda espléndida, la Hija del Rey, va adentro con vestido en oro recamado. (Sal. 45, 14). Avemaría.

 

10. Cantad al Señor un canto nuevo, porque ha hecho maravillas. (Sal. 98, 1). Avemaría.

 

 

 

Quinto Misterio Glorioso. La Coronación de María Santísima.

 

(Una gran señal apareció en el cielo: una mujer vestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas en la cabeza.)

 

(Ap 12,1)

 

 

 

1. ¿Quién es ésta que surge cual aurora, bella como la luna, refulgente como el sol?. (Cant. 6, 10). Avemaría.

 

2. Como flor del rosal en primavera, como lirio junto al manantial; como brote del Líbano en verano, como fuego e incienso en el incensario; como vaso de oro macizo adornado de toda clase de piedras preciosas. (Eclo. 50, 8-9). Avemaría.

 

3. Yo soy la Madre del Amor hermoso, del temor, del conocimiento, y de la santa esperanza. (Eclo. 24, 24). Avemaría.

 

4. En mi está toda gracia de camino y de verdad; en mi toda esperanza de vida y de virtud. (Eclo. 24, 25). Avemaría.

 

5. Venid a mi los que me deseáis y hartaos de mis frutos. (Eclo. 24, 26). Avemaría.

 

6. Que mi recuerdo es más dulce que la miel; mi heredad mas dulce que panal de miel. (Eclo. 24, 27). Avemaría.

 

7. Ahora, pues, hijos, escuchadme, escuchad la instrucción y haceos sabios, no la despreciéis. (Prov. 8, 32-33). Avemaría.

 

8. Dichosos los que guardan mis caminos. Dichoso el hombre que me escucha velando ante mi puerta cada día. (Prov. 8, 33-34). Avemaría.

 

9. Porque el que me halla, ha hallado la Vida, ha logrado el Favor de Señor. (Prov. 8, 35). Avemaría.

 

10. Salve, oh Reina de la Misericordia, líbranos del enemigo, y recíbenos en la hora de la muerte. (Gradual M. de B. V M). Avemaría.