JACULATORIA AL ETERNO PADRE

 

 ¡Oh Padre Eterno! yo os ofrezco la preciosísima Sangre de Jesucristo, en expiación de mis pecados, y por las necesidades de la Santa Iglesia.

 

**Pío VII, con Rescripto de 22 de marzo de 1817, concedió para siempre 100 días de indulgencia por cada vez que se rece dicha jaculatoria. (Indulgencia parcial)

CONSAGRACIÓN A LA PRECIOSÍSIMA SANGRE DE JESUCRISTO

(Por favor rezar diariamente y meditando).


Consiente y Misericordioso Salvador, en mi insignificancia y Tu sublimidad, yo me postro ante Tus pies y Te agradezco por todas las pruebas de tu gracia mostradas a mi, tu desagradecida criatura. Yo te agradezco especialmente por salvarme mediante Tu Preciosa Sangre, del poder destructor de satanás

. En presencia de mi querida Madre María, mi ángel de la guarda, mi santo patrono y de toda la compañía del paraíso, me dedico voluntariamente, con un corazón sincero. oh, queridísimo Jesús, a tu Preciosa Sangre por medio de la cual redimiste al mundo del pecado, la muerte y el infierno.

 

Yo te prometo que con la ayuda de tu gracia y con mi más grande fortaleza, promulgaré y creceré en la devoción a Tu Preciosa Sangre, el precio de nuestra redención de manera que Tu Adorable Sangre sea honrada y glorificada por todos.

 

De esta manera, yo deseo hacer reparación por mi deslealtad hacia Tu Preciosa Sangre de Amor, y recompensarte por las muchas profanaciones que los hombres cometen en contra del Precioso Precio de su salvación. Ojala que mis propios pecados, mi frialdad y todos los actos irrespetuosos que he cometido en contra de tu Santa y Preciosa Sangre puedan ser borrados.

 

Contempla oh, querido Jesús, te ofrezco el amor, honor y adoración, que tu Santísima Madre, tus fieles discípulos y que todos los santos han ofrecido a tu Preciosa Sangre. Te pido que olvides mi falta de fe y frialdad del pasado y que perdones a todos los que te ofenden. Rocíame, oh Divino Salvador, y a todos los hombres con tu Preciosa Sangre, de manera que nosotros, oh amor crucificado, te amemos de ahora en adelante con todos nuestros corazones, y que merecedoramente honremos el precio de nuestra salvación. Amén.

I. Rosario a la Santísima Virgen María

ORACIÓN PARA DECIRSE ANTES DEL ROSARIO (antes del credo)

 

 

Padre celestial, durante este tiempo de crisis mundial, permite que todas las almas encuentren su paz y seguridad en tu divina voluntad. Otorga a cada alma gracia para entender que tu voluntad es el amor santo en el momento presente.

 

 

Padre benévolo, ilumina cada conciencia para que vea, las formas en que no está viviendo en tu voluntad. Concede al mundo la gracia para cambiar y el tiempo para hacerlo. Amén.

 

1) HACER LA SEÑAL DE LA CRUZ

 

 

 

Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

 

 

 

Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, me pesa de todo corazón de haber pecado, porque he merecido el infierno y perdido el cielo, y sobre todo, porque te ofendí a Ti, que eres bondad infinita, a quien amo sobre todas las cosas. Propongo firmemente, con tu gracia, enmendarme y alejarme de las ocasiones de pecar, confesarme y cumplir la penitencia. Confío en que me perdonarás por tu infinita misericordia. Amén.

 

 

 

Abre, Señor, mis labios. Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

 

Dios mío, acude en mi auxilio. Señor, date prisa en socorrerme.

 

Por Tu Sangre y por Tu Cruz ¡Misericordia, Señór Jesús!

 

“Dios mío, yo creo, adoro, espero y os amo. Os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan, no os aman” (Repetir 3 veces)

 

 

 

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo; yo os adoro profundamente y os ofrezco el preciosísimo cuerpo, sangre, alma y divinidad de nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los tabernáculos del mundo, en reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido; y por los méritos infinitos de su preciosísima Sangre y por la intercesión del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pobres pecadores”.

 

 

 

Oh Jesús, es por vuestro amor, por la conversión de los pecadores, y en reparación de las injurias cometidas contra el Inmaculado Corazón de María.

 

Virgen Santísima, sálvanos e inunda toda la humanidad con las gracias de tu llama de amor, de tu inmaculado corazón ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

 

 

 

Jesús, María, yo os amo profundamente. Salvad las almas, salvad a los consagrados y sanad a los enfermos.

 

Divino Niño Jesús, bendícenos y líbranos de todo mal. Amén.

 

 

 

2) REZAR UN PADRE NUESTRO.

 

 

 

3) REZAR TRES AVE MARÍA POR LA FE, LA ESPERANZA, LA CARIDAD.

 

 

 

4) REZAR UN GLORIA.

 

 

 

5) ENUNCIAR EL PRIMER MISTERIO Y REZAR UN PADRE NUESTRO.

 

MISTERIOS LUMINOSOS

 

 

 

Pasando de la infancia y de la vida de Nazaret a la vida pública de Jesús, la contemplación nos lleva a los misterios que se pueden llamar de manera especial "misterios de luz". En realidad, todo el misterio de Cristo es luz. Él es "la luz del mundo" (Jn 8,12). Pero esta dimensión se manifiesta sobre todo en los años de la vida pública, cuando anuncia el evangelio del Reino. Deseando indicar a la comunidad cristiana cinco momentos significativos –misterios "luminosos"– de esta fase de la vida de Cristo, pienso que se pueden señalar: 1. su Bautismo en el Jordán; 2. su autorrevelación en las bodas de Caná; 3. su anuncio del Reino de Dios invitando a la conversión; 4. su Transfiguración; 5. institución de la Eucaristía, expresión sacramental del misterio pascual.

 

 

Cada uno de estos misterios revela el Reino ya presente en la persona misma de Jesús. Misterio de luz es ante todo el Bautismo en el Jordán. En él, mientras Cristo, como inocente que se hace "pecado" por nosotros (cf. 2 Co 5,21), entra en el agua del río, el cielo se abre y la voz del Padre lo proclama Hijo predilecto (cf. Mt 3,17 par.), y el Espíritu desciende sobre Él para investirlo de la misión que le espera. Misterio de luz es el comienzo de los signos en Caná (cf. Jn 2,1-12), cuando Cristo, transformando el agua en vino, abre el corazón de los discípulos a la fe gracias a la intervención de María, la primera creyente. Misterio de luz es la predicación con la cual Jesús anuncia la llegada del Reino de Dios e invita a la conversión (cf. Mc 1,15), perdonando los pecados de quien se acerca a Él con humilde fe (cf. Mc 2,3-13; Lc 7,47-48), iniciando así el ministerio de misericordia que Él continuará ejerciendo hasta el fin del mundo, especialmente a través del sacramento de la Reconciliación confiado a la Iglesia. Misterio de luz por excelencia es la Transfiguración, que según la tradición tuvo lugar en el Monte Tabor. La gloria de la Divinidad resplandece en el rostro de Cristo, mientras el Padre lo acredita ante los apóstoles extasiados para que lo "escuchen" (cf. Lc 9,35 par.) y se dispongan a vivir con Él el momento doloroso de la Pasión, a fin de llegar con Él a la alegría de la Resurrección y a una vida transfigurada por el Espíritu Santo. Misterio de luz es, por fin, la institución de la Eucaristía, en la cual Cristo se hace alimento con su Cuerpo y su Sangre bajo las especies del pan y del vino, dando testimonio de su amor por la humanidad "hasta el extremo" (Jn 13,1) y por cuya salvación se ofrecerá en sacrificio.

 

 

Excepto en el de Caná, en estos misterios la presencia de María queda en el trasfondo. Los Evangelios apenas insinúan su eventual presencia en algún que otro momento de la predicación de Jesús (cf. Mc 3,31-35; Jn 2,12) y nada dicen sobre su presencia en el Cenáculo en el momento de la institución de la Eucaristía. Pero, de algún modo, el cometido que desempeña en Caná acompaña toda la misión de Cristo. La revelación, que en el Bautismo en el Jordán proviene directamente del Padre y ha resonado en el Bautista, aparece también en labios de María en Caná y se convierte en su gran invitación materna dirigida a la Iglesia de todos los tiempos: "Haced lo que él os diga" (Jn 2,5). Es una exhortación que introduce muy bien las palabras y signos de Cristo durante su vida pública, siendo como el telón de fondo mariano de todos los "misterios de luz".

 

 

 

Primer Misterio Luminoso. El Bautismo de Jesús.

 

 

(Entonces Jesús fue de Galilea al Jordán para que Juan lo bautizara. Pero Juan quería impedirlo, diciendo: "Soy yo el que necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?" Jesús le respondió: "¡Déjame ahora, pues conviene que se cumpla así toda justicia!" Entonces Juan accedió a ello. Una vez bautizado, Jesús salió del agua; y en esto los cielos se abrieron y vio al Espíritu de Dios descender en forma de paloma y posarse sobre él. Y se oyó una voz del cielo: "Éste es mi hijo amado, mi predilecto".)

 

(Mt 3,13-17)

 

 

 

1. Por aquellos días aparece Juan el Bautista, proclamando en el desierto de Judea: convertíos porque ha llegado el Reino de los Cielos. (Mt. 3, 1-2). Avemaría.

 

2. Este es aquél de quien habla el profeta Isaías cuando dice: "Voz del que clama en el desierto: preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas." (Mt. 3, 3). Avemaría.

 

3. Tenía Juan su vestido hecho de pelos de camello, con un cinturón de cuero a sus lomos, y su comida eran langostas y miel silvestre. (Mt. 3, 4). Avemaría.

 

4. Acudía entonces a él Jerusalén, toda Judea y toda la región del Jordán, y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados. (Mt. 3, 5-6). Avemaría.

 

5. Y proclamaba: detrás de mí viene el que es más fuerte que yo; y no soy digno de desatarle, inclinándome, la correa de sus sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo. (Mc. 1, 7-8). Avemaría.

 

6. Entonces aparece Jesús, que viene de Galilea al Jordán donde Juan, para ser bautizado por él. (Mt. 3, 13). Avemaría.

 

7. Pero Juan trataba de impedírselo diciendo: soy yo el que necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? (Mt. 3, 14). Avemaría.

 

8. Jesús le respondió: déjame ahora, pues conviene que así cumplamos toda justicia. Entonces le dejó. (Mt. 3, 15). Avemaría.

 

9. Bautizado Jesús, salió luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y venía sobre él. (Mt. 3, 16). Avemaría.

 

10. Y una voz que salía de los cielos decía: este es mi Hijo amado, en quien me complazco. (Mt. 3, 17). Avemaría.

 

 

 

Segundo Misterio Luminoso. Las Bodas de Caná.

 

 

(Tres días después hubo una boda en Caná de Galilea, en la que estaba la madre de Jesús. Invitaron también a la boda a Jesús y a sus discípulos. Se terminó el vino, y la madre de Jesús le dijo: "No tienen vino". Jesús le contestó: "¿A ti y a mí qué, mujer? Mi hora todavía no ha llegado". Su madre dijo a los sirvientes: "Haced lo que él os diga". Había allí seis tinajas de piedra de unos cien litros cada una para los ritos de purificación de los judíos. Jesús les dijo: "Llenad de agua las tinajas". Y las llenaron hasta arriba. Añadió: "Sacad ahora y llevádselo al maestresala". Y se lo llevaron. Tan pronto como el maestresala probó el agua convertida en vino (sin saber de dónde era, aunque sí lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua), llamó al novio y le dijo: "Todos sirven primero el vino mejor; y cuando se ha bebido en abundancia, el peor. Tú, en cambio, has guardado el vino mejor hasta ahora". Así, en Caná de Galilea, Jesús comenzó sus milagros, manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él.)

 

(Jn 2,1-11)

 

 

 

1. Tres días después se celebraba una boda en Cana de Galilea y estaba allí la madre de Jesús. (Jn. 2, 1). Avemaría.

 

2. Fue invitado también a la boda Jesús con sus discípulos. (Jn. 2, 2). Avemaría.

 

3. Y, como faltara vino, porque se había acabado el vino de la boda, le dice a Jesús su madre: no tienen vino. (Jn. 2, 3). Avemaría.

 

4. Jesús le responde: ¿qué tengo yo contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora. (Jn. 2, 4). Avemaría.

 

5. Dice su madre a los sirvientes: haced lo que él os diga.(Jn. 2, 5). Avemaría.

 

6. Había allí seis tinajas de piedra, puestas para las purificaciones de los judíos, de dos o tres medidas cada una. Les dice Jesús: llenad las tinajas de agua. Y las llenaron hasta arriba. (Jn. 2, 6-7). Avemaría.

 

7. Sacadlo ahora, les dice, y llevadlo al maestresala. Ellos lo llevaron. (Jn. 2, 8). Avemaría.

 

8. Cuando el maestresala probó el agua convertida en vino, como ignoraba de dónde era (los sirvientes, los que habían sacado el agua, sí que lo sabían), llama el maestresala al novio. (Jn. 2, 9). Avemaría.

 

9. Y le dice: todos sirven primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el inferior. Pero tú has guardado el vino bueno hasta ahora. (Jn. 2, 10). Avemaría.

 

10. Así, en Caná de Galilea, dio Jesús comienzo a sus señales. Y manifestó su gloria, y creyeron en él sus discípulos. (Jn. 2, 11). Avemaría.

 

 

 

Tercer Misterio Luminoso. El Anuncio del Reino de Dios.

 

 

(Después de ser Juan encarcelado, Jesús fue a Galilea a predicar el evangelio de Dios; y decía: "Se ha cumplido el tiempo y el reino de Dios está cerca. Arrepentíos y creed en el evangelio".)

 

(Mc 1,14-15)

 

 

 

1. Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios. (Mc. 1, 14). Avemaría.

 

2. El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva. (Mc. 1, 15). Avemaría.

 

3. En esto le trajeron un paralítico postrado en una camilla. (Mt. 9, 2). Avemaría.

 

4. Viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: ¡Animo!, hijo, tus pecados te son perdonados. (Mt. 9, 2). Avemaría.

 

5. Pero he aquí que algunos escribas dijeron para sí: este está blasfemando. (Mt. 9,3). Avemaría.

 

6. Jesús, conociendo sus pensamientos, dijo: ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: "Tus pecados te son perdonados", o decir: "Levántate y anda"? (Mt. 9,4-5). Avemaría.

 

7. Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados - dice entonces al paralítico: "levántate, toma tu camilla y vete a tu casa". (Mt. 9, 6). Avemaría.

 

8. Se levantó y, al instante, tomando la camilla, salió a la vista de todos, de modo que quedaban todos asombrados y glorificaban a Dios, diciendo: jamás vimos cosa parecida. (Mc. 2, 12). Avemaría.

 

9. Salió de nuevo por la orilla del mar, toda la gente acudía a él, y él les enseñaba. (Mc. 2, 13). Avemaría.

 

10. Y recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios. (Mc. 1, 39). Avemaría.

 

 

 

Cuarto Misterio Luminoso. La Transfiguración.

 

 

(Unos ocho días después Jesús tomó consigo a Pedro, a Juan y Santiago y los llevó al monte a orar. Mientras él oraba, cambió el aspecto de su rostro y sus vestidos se volvieron de una blancura resplandeciente. Dos hombres, de improviso, se pusieron a hablar con él. Eran Moisés y Elías, que aparecieron con un resplandor glorioso y hablaban con él de su muerte, que iba a tener lugar en Jerusalén. Pedro y sus compañeros estaban cargados de sueño, pero lograron mantenerse despiertos y vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que estaban con él. Cuando éstos se alejaban de Jesús, Pedro dijo: "Maestro, ¡qué bien se está aquí! Hagamos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías". No sabía lo que decía. Mientras él estaba diciendo esto, vino una nube y los cubrió. Al entrar en la nube, los discípulos se asustaron. Y una voz desde la nube dijo: "Éste es mi hijo, el elegido, escuchadlo".)

 

(Lc 9,28-35)

 

 

 

1. Seis días después, toma Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los lleva aparte, a un monte alto. (Mt. 17, 1). Avemaría.            

 

2. Y sucedió que, mientras oraba, el aspecto de su rostro se mudó, y sus vestidos eran de una blancura fulgurante (Lc. 9, 29). Avemaría.

 

3. Y he aquí que conversaban con él dos hombres, que eran Moisés y Elías; los cuales aparecían en gloria, y hablaban de su partida, que iba a cumplir en Jerusalén. (Lc. 9, 30-31). Avemaría.

 

4. Pedro y sus compañeros estaban cargados de sueño, pero permanecían despiertos, y vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. (Lc. 9, 32). Avemaría.

 

5. Y sucedió que, al separarse ellos de él, dijo Pedro a Jesús: Maestro, bueno es estarnos aquí. Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías, sin saber lo que decía. (Lc. 9,33). Avemaría.

 

6. Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra (Mt. 17, 5). Avemaría.

 

7. Y de la nube salía una voz que decía: este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle. (Mt. 17, 5). Avemaría.

 

8. Al oír esto los discípulos cayeron rostro en tierra llenos de miedo. (Mt. 17, 6). Avemaría.

 

9. Mas Jesús, acercándose a ellos, los tocó y dijo: levantaos, no tengáis miedo. Ellos alzaron sus ojos y ya no vieron a nadie más que a Jesús solo. (Mt. 17, 7-8). Avemaría.

 

10. Y cuando bajaban del monte, Jesús les ordenó: no contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos. (Mt. 17, 9). Avemaría.

 

 

 

Quinto Misterio Luminoso. La Institución de la Eucaristía.

 

 

(Durante la cena Jesús tomó pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio, diciendo: "Tomad, esto es mi cuerpo". Después tomó un cáliz, dio gracias, se lo pasó a ellos y bebieron de él todos. Y les dijo: "Ésta es mi sangre, la sangre de la alianza, que será derramada por todos".)

 

(Mc 14,22-24)

 

 

 

1. Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. (Jn. 13, 1). Avemaría.

 

2. Cuando llegó la hora, se puso a la mesa con los apóstoles. (Lc. 22, 14). Avemaría.

 

3. Y les dijo: con ansia he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer. (Lc. 22, 15). Avemaría.

 

4. Mientras estaban comiendo, tomó Jesús pan y lo bendijo, lo partió. (Mt. 26, 26). Avemaría.

 

5. Tomó luego pan, y, dadas las gracias, lo partió y se lo dio diciendo: este es mi cuerpo que es entregado por vosotros; haced esto en recuerdo mío. (Lc. 22, 19). Avemaría.

 

6. Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio diciendo: bebed de ella todos, (Mt. 26, 27). Avemaría.

 

7. Porque ésta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos para perdón de los pecados. (Mt. 26, 28). Avemaría.

 

8. Cuantas veces la bebiereis, hacedlo en recuerdo mío. (1 Cor. 11, 25). Avemaría.

 

9. Y cantados los himnos, salieron hacia el monte de los Olivos. (Mt. 26, 30). Avemaría.

 

10. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. (Jn. 6, 54). Avemaría.

 

7) REZAR UN GLORIA Y LA ORACIÓN DE FÁTIMA.

 

Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu misericordia.

 

20) REZAR LA SALVE.

 

Oh Soberano Santuario, Sagrario del Verbo Eterno. Libra Virgen del infierno a los que rezamos tu Santo Rosario.

 

Emperatriz Poderosa, de los mortales consuelo. Ábrenos Virgen el cielo con una muerte dichosa y danos pureza de alma Tú que eres tan poderosa.

 

Dios te salve, María Santísima, Hija de Dios Padre, Virgen Purísima y Castísima antes del parto, en tus manos encomendamos nuestra fe para que la ilumines, porque llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita Tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios y Madre Nuestra, ruega por nosotros, los pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

 

Dios te salve, María Santísima, Madre de Dios Hijo, Virgen Purísima y Castísima en el parto, en tus manos encomendamos nuestra esperanza para que la alientes, porque llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita Tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios y Madre Nuestra, ruega por nosotros, los pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

 

Dios te salve, María Santísima, Esposa de Dios Espíritu Santo, Virgen Purísima y Castísima después del parto, en tus manos encomendamos nuestra caridad para que la inflames, nuestras necesidades para que las remedies, nuestras almas para que las salves, porque llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita Tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios y Madre Nuestra, ruega por nosotros, los pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

 

Dios te salve, María Santísima, Templo, Trono y Sagrario de la Santísima Trinidad, virgen concebida sin culpa de pecado original. Alcánzanos virgen pura la perseverancia final.

 

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!

 

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios. Para que seamos dignos de alcanzar las divinas gracias y promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

 

De tus divinos ojos, oh María penden nuestras felicidades ¡Míranos, Señora, y no nos desampares!

 

LETANÍAS LAURETANAS

 

Señor. ten piedad de nosotros

Cristo. ten piedad de nosotros

Señor. ten piedad de nosotros

Cristo óyenos

Cristo. escúchanos

Dios, Padre Celestial Ten piedad de nosotros

Dios Hijo. Redentor del Mundo    -R.

Dios, Espíritu Santo    -R.

Santa Trinidad un solo Dios    -R.

Santa María. Ruega por nosotros

Santa Madre de Dios -R.

Santa Virgen de las Vírgenes -R.

Madre de Cristo -R.

Madre de la Iglesia  -R.

Madre de la Divina Gracia  -R.

Madre Purísima. -R.

Madre Castísima. -R.

Madre y Virgen  -R.

Madre sin mancha. -R.

Madre Inmaculada  -R.

Madre amable  -R.

Madre admirable  -R.

Madre del buen consejo  -R.

Madre del Creador  -R.

Madre del Salvador  -R.

Virgen prudentísima  -R.

Virgen venerada  -R.

Virgen laudable  -R.

Virgen poderosa  -R.

Virgen clemente  -R.

Virgen fiel  -R.

Espejo de justicia  -R.

Sede de sabiduría   -R.

Causa de nuestra alegría  -R.

Vaso espiritual   -R.

Vaso honorable   -R.

Vaso insigne de devoción   -R.

Rosa Mística   -R.

Torre de David  -R.

Torre de Marfil   -R.

Casa de oro   -R.

Arca de la Alianza   -R.

Puerta del Cielo   -R.

Estrella de la mañana   -R.

Salud de los enfermos   -R.

Refugio de los pecadores   -R.

Consuelo de los Afligidos   -R.

Auxilio de los cristianos   -R.

Reina de los Ángeles   -R.

Reina de los Patriarcas   -R.

Reina de los Profetas   -R.

Reina de los Apóstoles   -R.

Reina de los Mártires   -R.

Reina de los Confesores   -R.

Reina de las Vírgenes   -R.

Reina de todos los santos   -R.

Reina concebida sin pecado original   -R.

Reina llevada al cielo,   -R.

Reina del Sacratísimo Rosario   -R.

Reina de la paz.   -R.

 

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, Perdónanos Señor

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, Escúchanos Señor

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, Ten piedad de nosotros

 

ORACIÓN A SAN MIGUEL

 

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla. Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú Príncipe de la milicia celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén.

 

ORACIÓN AL CORAZÓN INMACULADO DE MARÍA

 

Oh Corazón Inmaculado de María, lleno de bondad, muéstranos tu amor por nosotros. Que la llama de tu corazón, oh María, descienda sobre todos los hombres. Nosotros te amamos inmensamente. Imprime en nuestros corazones el amor verdadero, para que así tengamos un deseo continuo de ti. Oh María, dulce y humilde de corazón, acuérdate de nosotros cuando estemos en pecado. Tú sabes que todos los hombres pecan. Concédenos, por medio de tu Corazón Inmaculado, la salud espiritual. Haz que siempre podamos contemplar la bondad de tu corazón maternal y que nos convirtamos por medio de la llama de tu corazón. Amén.

 

SUB TUUM PRAESIDIUM

 

Bajo tu protección nos acogemos, Santa Madre de Dios; no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades; antes bien, líbranos siempre de todo peligro, ¡oh Virgen gloriosa y bendita!

 

21) HACER LA SEÑAL DE LA CRUZ